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ENRIQUE MÜLLER Berlín
Slobodan Milosevic, el ex hombre fuerte de Yugoslavia y el principal responsable de una década de guerras y matanzas en los Balcanes, decidió rendirse ante las nuevas autoridades de su país, después de una resistencia de UNAS 36 horas, que hizo creer que el país podría verse envuelto en un peligroso enfrentamiento entre los seguidores del ex dictador y las fuerzas de seguridad serbias.
Milosevic decidió entregarse a la justicia serbia después de una larga y crucial negociación llevada a cabo entre representantes del gobierno serbio y altos funcionarios del partido Socialista, que aun preside el propio Milosevic. El acuerdo final descarta, por el momento, una extradición del político de 59 años a La Haya. Perseguido por crímenes de guerra cometidos contra la Humanidad en La Haya y por corrupción y abuso de poder en su propio país, el ex presidente yugoslavo cayó finalmente en manos de la justicia serbia, seis meses después de haber sido apartado del poder por una inolvidable revuelta popular que no aceptó un nuevo fraude electoral.
En la madrugada del domingo, y después de varias horas de negociaciones, una limusina, escoltada por varios vehículos de la policía, abandonó la lujosa residencia en dirección a la cárcel central de Belgrado, donde Milosevic debía ser interrogado por un juez, que debe decidir si el político permanece en prisión o puede obtener la libertad condicional.
Amenaza de suicidio
Aunque la rendición de Milosevic transcurrió sin incidentes, las autoridades serbias temían lo peor. Durante las negociaciones, Milosevic agitando una pistola, amenazó, antes de suicidarse, con matar a su esposa y a su hija. Pero el ex dictador aceptó rendirse cuando Branislav Ivkovic, un alto dirigente del partido Socialista, le aseguró que la justicia serbia había prometido un proceso legal y que no seria extraditado a La Haya.
La rendición pacífica de Milosevic estuvo a punto de fracasar cuando su hija, Maria, hizo cuatro disparos con una pistola, poco antes de que su padre abandonara voluntariamente la residencia de Dedinje. La esposa de Milosevic y su hija, permanecieron en la mansión.
La decisión de detener a Milosevic estuvo a punto de quebrar la frágil estabilidad del país, alcanzada después de la revuelta del 6 de octubre pasado, El presidente Kiostunica no era favorable a una detención, mientras que el nuevo Primer Ministro serbio, Zoran Djinjic, sigue creyendo que la extradición de Milosevic a La haya es indispensable para el futuro del país.
Conato de rebeldía
La operación para detener a Milosevic, puesta en marcha el viernes pasado, provocó un conato de rebeldía en el Ejercito, cuyos efectivos hicieron fracasar el primer intento para detener a Milosevic. En medio de la crisis. el presidente Kostunica convocó a los miembros de los dos gobiernos y al general Nebojsa Pavkovic, jefe del estado Mayor del Ejercito para buscar una solución al conflicto.
«La aplicación de la leyes está en manos de las instituciones y nadie debe ser intocable en el país», afirmó el presidente Kostunica después de la reunión. A partir de ese momento, se iniciaron las cruciales negociaciones entre el gobierno y los líderes del partido Socialista serbio que culminaron a las 04.40 horas de la madrugada del domingo.
La cabeza de Slobodan Milosevic tenia un precio exorbitante para las nuevas autoridades de Belgrado. A comienzos de marzo Washington envió un mensaje categórico al presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica. Si el país deseaba seguir contando con la ayuda económica de Estados Unidos –100 millones de dólares– y con el apoyo de Washington para ingresar al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, Slobodan Milosevic debía ser encarcelado antes del 31 de marzo.
En la madrugada de ayer, Belgrado pudo inclinarse, gracias al consentimiento del Ejército y del partido Socialista serbio, ante las presiones de Washington y enviar a la cárcel, tal como había exigido, al político más odiado de los Balcanes sin derramar una gota de sangre.
Acusaciones
Milosevic deberá responder ahora a las acusaciones de abuso de poder y de corrupción, que ocasionaron la pérdida para Yugoslavia y Serbia de 1.800 millones de dinares (5.100 millones de pesetas) y de unos 200 millones de marcos (unos 17.000 millones de pesetas), según la acusación. Si es encontrado culpable puede ser condenado a una pena de prisión de hasta 15 años. La primera decisión de la justicia fue dictar una prisión preventiva de 30 días para el dictador.
Pero Milosevic, según informó su abogado Toma Fila, se declaró inocente de los cargos de abuso de poder y de corrupción. «Respondió a todas las preguntas de forma normal y decidió asumir su propia defensa. Está decidido a hablar claro y a contar toda la verdad», añadió el abogado. Fila dijo que apelará la decisión del juez, aunque cree que será denegada.
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E. GARCÍA GASCÓN Jerusalén
Una unidad encubierta del Ejército israelí formada por soldados disfrazados de civiles capturó ayer a seis miembros de Fuerza 17, el cuerpo de seguridad palestino que forma la guardia personal de Yaser Arafat. Entre los detenidos figura un jefe local de Fuerza 17.
El incidente ocurrió por la mañana a la entrada del pueblo de Yalyilia, cerca de la ciudad de Ramala, en Cisjordania. La detención se produjo en una área que pertenece a la Zona A, es decir, que está bajo control exclusivo de los palestinos. Los palestinos pidieron la devolución inmediata de sus hombres capturados.
En la actualidad, más de 35 miembros de los servicios de seguridad israelíes están detenidos en Israel. Los palestinos han dicho que si Israel opera en su territorio ellos también lo harán en territorio israelí. El alto responsable palestino Saeb Erakat tachó de «acto de piratería» la incursión israelí.
Refugio en la noche
El líder de Fatah en Cisjordania, Marwan Barguzi, y otros dirigentes palestinos han reforzado su seguridad y no duermen en sus casas por temor a recibir durante la noche una visita inesperada.
El ministro hebreo de Turismo, Rehavam Zeevi, pidió al Ejército que bombardee la casa de Yaser Arafat en Gaza. La casa de Arafat ya resultó dañada la semana pasada cuando helicópteros israelíes bombardearon edificios de Fuerza 17 en Ramala y Gaza.
Milicianos palestinos y soldados del Ejército israelí protagonizaron ayer un intenso tiroteo en la ciudad cisjordana de Hebrón, poco después de los funerales por Shalhevet Pass, la niña israelí de diez meses asesinada el pasado lunes por un francotirador palestino. Los padres de la niña asesinada se habían opuesto a enterrarla para exigir al Ejército israelí que conquiste el barrio palestino de Abu Sneina, del que salieron los mortíferos disparos.
El Consejo de Asentamientos Judíos en Cisjordania y Gaza dispuso autobuses blindados para trasladar a Hebrón a los israelíes interesados en asistir a los funerales, entre los que se extendió un llamamiento generalizado a vengar la muerte de la niña. Durante los funerales, los colonos lanzaron piedras contra las viviendas palestinas vecinas e intentaron entrar en el barrio de Abu Sneina.
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